Monumentos conmemerativos del Ecuador en el siglo XIX

Varias veces se subrayó la importancia capital, y por lo tanto original, de la religión en el marco político en Quito, desde la segundo Junta (a partir de septiembre de 1810) cuando el obispo Monseñor Cuero y Caicedo tuvó  el mando hasta la presidencia García Moreno (1869-1875, y aún mismo desde 1860), con su « contra-revolución catolica, su “ República católica “ (por ejemplo Demélas, Marie-Danielle, y Saint-Geours, Yves, 1989), cuando el Ecuador fue consgrado al Sagrado Corazón, al estilo de los gobiernos franceses contemporáneos de  “ orden moral”  del Mariscal de Mac-Mahon, en la misma época.

Dicho ambiente religioso se manifiesta en las conmemoraciones, a lo menos hasta el último cuarto del siglo XIX ; asi,  como lo nota Guillermo Bustos (Bustos, Guillermo, 2011), en la lista no exhaustiva de los trece decretos del Congreso tratando de las fiestas nacionales desde 1837 hasta 1892, solo dos de ellos – reiterados – se refieren a una fiesta cívica : para el 10 de Agosto de 1809 (primer « grito de la Independencia »), con los decretos de 1849 y de 1861 ; los demás conciernen fiestas religiosas, como por ejemplo  cuando la Virgen de la Merced esta nombrada  ”Santa Patrona de Quito “, en 1851, o el Sagrado Corazón “ Patrón de la República” en 1873.

Se puede recordar que monumento, oriundo del verbo “monere”, significa advertir pero también hacer pensar o hacer recordar.

Se podria señalar aqui a Maurice Halbwachs, a Pierre Nora, a Paul Ricoeur y a sus textos traducidos al español relativos a memoria, memoria versus hístoria, y lugares de memoria.

Varios tipos de monumentos fueron erguidos o proyectados, todos con el objetivo de hacer resaltar el punto de partida original, el nacimiento de la futura patria y las hazañas de los “padres” de dicha patria.

En primer lugar encontremos unos proyectos anunciados pero no realizados. En esta categoría, se empieza por el proyecto de instalar en Cuenca, en 1823, dos estatuas de mármol representando a Bolívar y  Sucre (Lomné, Georges, 2003, p. 502).

En 1823, para honrar a los heroes difuntos de la batalla del Pichincha, la cual aseguró la independencia del territorio, el Consejo municipal de Quito decide que se yerga una pirámide (en realidad, un  obelisco) en la “Cima de la Libertad”, alta colina dominando la ciudad ; la pirámide tampoco se realizó (Lomné, Georges, 1989 et 1990).

Luego vienen los monumentos erguidos de modo provisorio : estatuas o columnas efímeras hechas para festejar o recordar a un evento.

Los archivos fotograficos del Banco Central del Ecuador proporcionan un lote  de recuerdos de fiestas del principio del siglo XX (1 y 2). Además el folleto El Centenario de Bolívar en Ambato (s/i,  1883, en Bustos, Guillermo, 2011) señala la columna conmemorativa “provisoria” erguida en Ambato en Julio de 1883 con ocasión de los festejos del  centenario del nacimiento del Libertador. El retrato pintado ubicado de modo provisorio en un lugar simbólico es otro monumento efímero. Se trata, en dicho caso, de “oropeles de la Colonia”, puesto que se persigue una tradición de la monarquía española : el nuevo rey, ausente, figuraba en forma de retrato, o de statua provisora, a la entrada de la ciudad, o en su centro, antes que la imagen de un Libertador venga en reemplazo.

El 10 de Agosto de 1889, para festejar los ochenta años del “grito de la Independencia”, el retrato del Mariscal Sucre esta instalado en el Ayuntamiento de Quito, junto con les banderas de las “cinco naciones bolivarianas” (Ortemberg, Pablo, 2012, multiplica los ejemplos similares para Lima monárquica y luego independiente).

Monumento « Loor a los años 1809-1909 » (Guayaquil 1916 ?) -  Archivo del Banco Central del Ecuador (foto G. Lomné)

Monumento « Loor a los años 1809-1909 » (Guayaquil 1916 ?) –  Archivo del Banco Central del Ecuador (foto G. Lomné)

Monumento « Guayaquil au 10 Août » (Guayaquil 1909 ?) -  Archivo del Banco Central del Ecuador (foto G. Lomné)

Monumento « Guayaquil au 10 Août » (Guayaquil 1909 ?) –  Archivo del Banco Central del Ecuador (foto G. Lomné)

El retrato – pintura o estatua – puede también ser permanente, expuesto para siempre. Asi en Quito en octubre de 1822, Sucre decide exponer el retrato del Libertador ausente en el balcon del Ayuntamiento, Plaza Grande, y luego en la catedral “puesto que Bolívar no puede asistir en persona” (Lomné, Georges, 2003, p. 480 segun Oficio del general Sucre al muy Ilustre Cabildo, Quito, 24 de octubre de 1822). Añadimos que esta instalación permanente del retrato de Bolívar fué encomendada a Manuel Samaniego, antes gran organizador de varias fiestas monárquicas.

En 1823, el general Salom ordeno destruir, por el fuego, cuatro retratos del rey Fernando VII y tres de los marcos sirvieron precisamente para retratos del Libertador destinados a dos tribunales et al Ministerio de Hacienda (Lomné, Georges, 2003, p. 478), segun carta de Fidel Quijano al gobernador del distrito (del 13 de enero de 1830) : ejemplo de “transferencia de sacralidad” diria Mona Ozouf, historiadora de las fiestas de la Revolución francesa. Antes, en 1808, todas las corporaciones quiteñas “habian rivalizado con fervor para Fernando VII, acuñando medallas, colgando retratos o laminas del nuevo rey”, a título de “monumentos públicos de fidelidad”  (Lomné, Georges, 2003, p. 479).  Luego se realiza el traslado : en 1826, Perú mandó nueve medallas del Libertador a notables de Quito y uno de estos, miembro del Ayuntamiento, agradeció por este “precioso documento” destinado a “ perpetuar la memoria de los hechos heroicos que aseguraron la independancia y la libertad” (Lomné, Georges, 2003,p. 484).

Varias veces se evocó, gracias a las memorias tardías del ingeniero francés Jean-Baptiste Boussingault, el proyecto bogotano de una estatua equestre de Bolívar hecha de platino (Boussingault, Jean-Baptiste, Mémoires, t. II, p. 54-55) ; de hecho, el ingeniero hubiera recibido tan solo dos kilos de platino ; además el decreto atribuido al Congreso no figura dentro del registro de las Actas de dicho Congreso : se encuentra tan solo  un decreto del 12 de febrero de 1825 relativo a una medalla de platino (Lomné, Georges, 1989 y 1990).

Otro tipo de monumento : los monumentos “escritos” o “imaginarios”. Aqui, a construcciones efímeras o permanentes, se prefieren monumentos inscritos en el “corazón de los ciudadanos”.

En 1825, Sucre escribe al Ministerio de Guerra : “El Libertador ordenó erguir monumentos que recuerden a las generaciones futuras la acción de los vencedores de Ayacucho, pero es dentro del corazón de los vencedores que se encuentra consagrado el monumento que edificaron al hilo de la gloria al guerrero generoso que dio patria y quien de la condición de esclavos hizó de nosotros soldados de la libertad et de la victoria.

Dentro de todos los corazones, en ellos mismos, se yergue la estatua de Bolívar.

De aqui mismo la comunicaremos a los hijos de nuestros propios hijos para que su memoria tenga la duración  del sol.” (Lomné, Georges, 2003, p. 502).

En la misma orden de “irrealidades” estan los monumentos solamente soñados, por ejemplo en el sueño de Vicente Rocafuerte formulado durante su estadía en Roma, en 1814 : “Me imaginé trasladando a la columna Trajana a lo alto del Chimborazo, a manera de trofeo celebrando nuestra emancipación.” (Rocafuerte, Vicente, Quito, 1908, p. 254 en Demélas, Marie-Danielle, y Saint-Geours, Yves, 1989, p. 113).

Asi la conmemoración de la Independencia y el panteón de los “ Padres de la Patria” ( Earle, Rebecca, 2002, pp. 775-805) pueden adoptar formas diversas.

Guillermo Bustos subraya que el ritual esencialmente religioso de las celebraciones cívicas, entre misas y Te Deum, empieza a tomar un aspecto mas laico.

Por ejemplo, en los pormenores de la ceremonia del Centenario del nacimiento de Bolívar, en 1883, los concursos literarios y las declamaciones de poemas de circunstancia se substituyen o se agregan a los sermones, tanto en Quito como en otras ciudades ecuadorianas.

Al mismo ritmo, durante el último tercio del siglo XIX, se acentua el “afan conmemorativo” con los adelantos de la construcción del Estado.

Para conmemorar el primer “grito de la Independencia”, se decidió levantar  un monumento, por una  ley de 1888 (un centenario previsto ampliamente de antemano), que tiene que ser elevado en  la Plaza Grande (futura Plaza de la Independencia), entre la catedral, el Ayuntamiento y la Casa Presidencial (adornada despues de 1871 por las rejas del destruido palacio parisino de las Tuileries compradas por el presidente García Moreno al gobierno francés).

Este mismo año 1888, se colocaron placas conmemorativas de mármol en los lugares donde se reunieron los heroes del 10 de Agosto de 1809 y donde estos heroes fueron matados el 2 de Diciembre de 1810 por las tropas realistas.

Unos años antes, en 1873, se había decidido erguir una estatua en homenaje al Mariscal Sucre, lo que se realizó en 1892, gracias al municipio de Quito. La obra fue encargada al ilustre escultor francés Alejandro Falguière : un bronce de tres metros de altura sobre un pedestal de cinco  metros. Motivos de orden técnico imponen un encargo en Europa, tal como se hizó para varios monumentos de bronce a través America latina ; esto se explica también por la admiración por Francia, como régimen político y centro artístico proeminente. La estatua se inauguró el 10 de Agosto de 1892, el dia siguiente de la clausura de la primera exposición nacional abierta el 24 de Mayo, cumpleaños de la batalla del Pichincha : el espíritu conmemorativo se amplifica a este fin de siglo y, paralelamente, gracias a su Exposición Nacional, el Ecuador hace galas de su marcha en el camino del Progreso. Como lo nota Guillermo Bustos, el discurso del presidente Antonio Flores, hijo del primer presidente del Ecuador independiente y separado de Colombia, exalta en Sucre y Bolívar los continuadores de Cristobal Colón y compara  la Independencia del país con la mera emancipación, a su mayoría, de un niño siempre lleno de amor filial hacia sus padres, aqui hacia España, la “madre patria” (Bustos, Guillermo, 2011). El Ecuador, tal como otros paises del continente americano, participó fuertemente a la Exposición histórico-americana celebrando en Madrid, en octubre de 1892, los cuatro cientos años del “descubrimiento” de América. Estamos muy lejos en 1892 de la visión del pasado colonial que prevalía en los años 1820 : una emancipación presentada entonces como el fin de tres siglos de tiranía.

El proyecto de monumento de la Plaza Grande, ideado en 1888,  se atrasó bastante. El Comité organizador colocó la primera piedra dies años mas tarde, el 10 de Agosto de 1898. En los discursos, se habla de monumento “a la Emancipación”, “a la Libertad”, a la Independencia”, “al nacimiento de la Patria”, terminos equivalentes, pero el propio monumento queda por definir. Se solicitan primero a artistas franceses por el intermedio del Consul general del Ecuador en Paris (Cevallos Romero, Alfonso, 1988). Todas las quince propuestas francesas (esbozos y  precios) sobrepasan ampliamente el monto del presupuesto previsto para su financiamiento : entre 102 000 y 315 000 francos ; dentro de los artistas figuraba  Augusto Bartholdi, autor de la Estatua de la Libertad de Nueva York, sin que su proyecto, un esbozo de yeso,  sea conocido. Entonces el Municipio de Quito, el cual había agrupado varios finanzamientos públicos y donaciones entre 1898 y 1903, estudia la posibilidad de un préstamo de larga duración, de unos veinte años, pero finalmente elige a una solución menos costosa : en 1904, acepta una propuesta italo-ecuatoriana. Sera, sin sorpresa,  una alegoría femenina de la Libertad-Independencia, puesta a la cúspide de una alta columna de granito de mas de quince metros de alto. El esbozo de la estatua había sido  dibujado desde 1894 por Minghetti, un profesor italiano de artes en el colegio de los Salesianos en Quito en este tiempo. El maestro de obra sera otro Italiano, Lorenzo Durini, arquitecto arraigado en Quito pero con vinculos comerciales mantenidos con su patria de origen. Talleres genoveses proporcionaran el pedestal de granito blanco y rojo, y una empresa metalúrgica de Pistoia fabricara todos los elementos de bronce : la estatua y varios ornamentos simbólicos complementarios : corona de laurel, condor andino, león español, fasces de lictor… (3) La convención esta firmada en mayo de 1904 entre el comité del monumento y Lorenzo Durini.  Indica las dimensiones exactas de la estatua (2, 50 metros), del monumento completo (17, 50 metros), del condor con alas desplegadas (“2 metros de envergadura”). Añade que “el monumento debe poder figurar en cualquiera de las principales ciudades de Europa”, lo que subraya el grado de fascinación de América latina o Ecuador con la cultura artística europea, un modelo para una lejana perifería.

El monumento a los Heroes del 10 de Agosto de 1809, Quito - (inaugurado en 1906). Foto Isabel de Wuth

El monumento a los Heroes del 10 de Agosto de 1809, Quito – (inaugurado en 1906). Foto Isabel de Wuth

El 10 de Agosto de 1906 en su discurso de inauguración, el presidente Eloy Alfaro, un anticlerical que reemplazó al liberal católico Antonio Flores, subraya que Ecuador había sido el primer Estado latino-americano que se reconcilió con España ; sin embargo, el león español que huye y el  glorioso condor andino son elementos anti-hispanicos no dichos sino elocuentes.

Dentro de los tres grandes monumentos conmemorativos erguidos en el Ecuador con alegoría  femenina, el de Vinces (1909), cuidad de los ricos cacaoteros de la costa, es el único que cuente con un gorro frigio, mas típico de la Independencia que las coronas de laurel de las de Quito (1906) o de Guayaquil (1920) (4) ; sin embargo el condor con alas desplegadas es otro símbolo, totalmente andino, de la Libertad-Independencia, tanto en el Ecuador como Bólivia o Colombia.

 Guayaquil 1920, Plaza del Centenario, -  Archivo del Banco Central del Ecuador (Foto G. Lomné)

Guayaquil 1920, Plaza del Centenario, –  Archivo del Banco Central del Ecuador (Foto G. Lomné)

El monumento de la Plaza de Independencia de Quito, con su gran Libertad-Independencia erguida sobre un globo terrestre, blandiendo una antorcha del Progreso y apoyada sobre “un haz de lictor romano de un metro ochenta », conforme al contrato, es simbólicamente americano, andino, tan solo gracias a su condor. Por otra parte, hubiera efectivamente podido estar en cualquier cuidad importante de Europa, por ejemplo quedarse en Genova donde fueron reunidos en noviembre de 1905 todos sus elementos antes de su viaje transatlántico. El haz romano – dicho también “republicano” – hace parte de los elementos emblemáticos asi como de los monumentos cívicos de varios Estados republicanos, tanto en América como en Europa. Ampliamente utilizado por la República francesa, la tercera, figura también en Colombia (5), Ecuador, Venezuela, y mas tarde Cuba.

Sellos  colombianos Con un haz de lictor que comporta también arco y flechas, para simbolizar a América

Sellos  colombianos Con un haz de lictor que comporta también arco y flechas, para simbolizar a América

 Archivo nacional histórico (Quito), foto G. Lomné, y Museo de la Convención (de 1863), Colombia, foto Eduardo Dargent
Comparar con un emblema republicano francés con haz de lictor (llave de bóveda de una iglesia « republicanisada », Cézy, Yonne, 1879, foto Pierre Glaizal

Mausoleo del Mariscal  Sucre (1940), catedral de Quito, foto Georges Lomné - Carro de la Libertad con gorro frigio, haz de lictor y bandera nacional

Mausoleo del Mariscal Sucre (1940), catedral de Quito, foto Georges Lomné – Carro de la Libertad con gorro frigio, haz de lictor y bandera nacional

Quedaria con comparar Ecuador con los cuatro otros Estados bolivarianos. Sin duda misma acceleración de la construcción de monumentos conmemorativos de las Independencias, apogeo al principio del siglo XX para los Centenarios del “nacimiento de la Patria”.

Bernard RICHARD


 

Bibliografía :

Boussingault, Jean-Baptiste, Mémoires, Paris, Edición  Chamerot et Renouard, 1892-1903, 5 tomos. Bustos, Guillermo, The Crafting of Historia Patria in an Andean Nation. Historical Scholarship, Public Commemorations and National Identity in Ecuador, 1870–1950, Ann Arbor, University of Michigan, 2011.

Cevallos Romero, Alfonso, « Bronce y Mármol, historia de un monumento », Miscelánea Histórica Ecuatoriana(Revista de Investigaciones Históricas del Banco Central del Ecuador) n° 1, 1988, Quito, pp. 112-132.

Demélas, Marie-Danielle, et Saint-Geours, Yves, Jérusalem et Babylone. Politique et religion en Amérique du Sud : L’Équateur, XVIIIe-XIXe siècles, Paris, Edición Recherche sur les Civilisations,  1989.

Earle, Rebecca, «  » Padres de la Patria »  and the Ancestral Past : Commemorations of Independence in Nineteenth-Century Spanish America », Journal of  Latin American. Studies, volume 34, 2002, Cambridge University Press, Cambridge, UK.

Lomné, Georges, « La Revolución francesa y la « simbólica de los ritos bolivarianos » »,  Miscelánea Histórica Ecuatoriana (Revista de Investigaciones Históricas del Banco Central del Ecuador)  n° 2, 1989, Quito, y el mismo en francés en Cahiers des Amériques Latines, vol. 10, nouvelle série, 1990, Paris.

Lomné, Georges, Le lis et la grenade. Mise en scène et mutation imaginaire de la souveraineté à Quito et Santafé de Bogota (1789-1830), tesis doctoral inédita, Marne-la Vallée, Francia, 2003.

Ortemberg, Pablo, Rituels du pouvoir à Lima. De la Monarchie à la République (1735-1828), Paris, Edición EHESS, 2012.
Rocafuerte,  Vicente, A la nación, Quito, 1908.

A la Independencia del Salvador, San Salvador, foto Yves Plasseraud (Comparar con el monumento de Quito y con Francia remuneradora,  plaza del Châtelet, Paris, la cual también distribuye coronas)

A la Independencia del Salvador, San Salvador, foto Yves Plasseraud (Comparar con el monumento de Quito y con Francia remuneradora, plaza del Châtelet, Paris, la cual también distribuye coronas

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